75 años de la masacre de Hiroshima y Nagasaki

Explosión de bomba atómica
Bomba nuclear detonada en el atolón de Eniwetok, en las Islas Marshall, en 1952. Foto del gobierno USA proporcionada por la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN)

El día que EEUU provocó una de las páginas más negras de la historia: bombardeos que causaron más de 200.000 muertes e incontables casos de malformaciones y enfermedades, y que supusieron el comienzo de la era nuclear.

Fue el 6 de agosto de 1945 y eran las 8:45 horas de la mañana en la ciudad japonesa de Hiroshima, onde miles de ciudadanos comenzaban su día sin saber que Estados Unidos había decidido iniciar una de las páginas más negras de la historia de la humanidad arrojando una bomba atómica sobre la urbe. Tres días después otra bomba atómica destruía la ciudad de Nagasaki. En agosto de 2020 se cumplen 75 años de estos trágicos y horribles bombardeos.

Concienciar contra las armas nucleares

Aprovechando esta fecha, activistas de la Campaña Internacional por la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN) se unen a los hibakusha, los supervivientes de los bombardeos, para educar al público en general sobre las atrocidades de hace 75 años y para alentarlos a tomar medidas para deshacerse de las armas nucleares para siempre. Desde Diario.eco compartimos este objetivo y nos unimos a la campaña.

La lucha contra las armas nucleares es más necesaria que nunca. Se calcula que en el mundo existen en la actualidad alrededor de 14 mil ojivas nucleares y que las grandes superpotencias militares como China, Rusia, Estados Unidos o Reino Unido y Francia suman cualquiera de ellas una capacidad destructiva de proporciones muy superiores a las de las bombas que provocaron la masacre de Hiroshima y Nagasaki en 1945.

“Vivimos a través del fuego de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, hace 75 años. Dedicamos nuestras vidas a asegurarnos de que nuestra generación sea la última hibakusha: los supervivientes de las bombas atómicas. Aprendimos a ser valientes, esperanzados y audaces. Aprendimos que depende de personas como usted y yo enfrentarnos a las armas nucleares y a los líderes que amenazan al mundo con ellas. El último gran desafío que enfrentamos es prohibir y eliminar estas armas. Reclámalo con nosotros. Estamos cerca.”, exponen los hibakusha en el lanzamiento de su campaña coincidiendo con el 75 aniversario de la masacre.

La historia de Setsuko Thurlow, una de miles

Este es un extracto del testimono de Setsuko Thurlow, superviviente del bombardeo atómico de Hiroshima, durante la conferencia Nobel cuando la ICAN recibió el Premio Nobel de la Paz en 2017. Setsuko tenía 13 años el 6 de agosto de 1945. Miembros de su familia y 351 de sus compañeros de escuela fueron incinerados, vaporizados, carbonizados. En las semanas, meses y años que siguieron, muchos miles más morirían, a menudo de manera aleatoria y misteriosa, por los efectos retardados de la radiación. Aún hoy en día, la radiación está matando supervivientes. Cada víctima de estos crímenes de guerra definitivos tenía un nombre. Cada víctima fue amada por alguien. Este es su relato:

“Tenía solo 13 años cuando Estados Unidos lanzó la primera bomba atómica, en mi ciudad Hiroshima. Todavía recuerdo vívidamente esa mañana. A las 8:15, vi un deslumbrante destello blanco azulado desde la ventana. Recuerdo haber tenido la sensación de flotar en el aire. Cuando recuperé la conciencia en el silencio y la oscuridad, me encontré atrapada por el edificio derrumbado. Comencé a escuchar los débiles gritos de mis compañeros de clase: ‘Mamá, ayúdame. Dios ayúdame.’ Entonces, de repente, sentí manos tocando mi hombro izquierdo, y escuché a un hombre decir: ‘¡No te rindas! ¡Sigue empujando! Estoy tratando de liberarte. ¿Ves la luz que entra por esa abertura? Arrástrate hacia ella lo más rápido que puedas’.

Cuando me arrastré, las ruinas estaban en llamas. La mayoría de mis compañeros de clase en ese edificio murieron quemados vivos. Vi a mi alrededor una devastación inimaginable. Procesiones de figuras fantasmales arrastradas por los pies. Gente grotescamente herida, estaban sangrando, quemados, ennegrecidos e hinchados. Faltaban partes de sus cuerpos. Carne y piel colgaban de sus huesos. Algunos con sus globos oculares colgando de sus manos. Algunos con sus barrigas abiertas, sus intestinos colgando. El aire se llenó de un hedor asqueroso de carne humana quemada. Así, con una bomba, mi querida ciudad fue destruida”.

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