Científicos demuestran como la pérdida de biodiversidad favorecerá más virus letales

Babuino caminando a cuatro patas en bosque de Uganda
Babuino en Proyecto Kibale EcoHealth, en el Parque Nacional Kibale de Uganda / Foto: Laura Bloomfield

Investigadores de Stanford analizan la pérdida de bosques como factor de propagación de enfermedades.

“En un momento en el que la COVID-19 está causando un nivel sin precedentes de devastación económica, social y de salud, es esencial que pensemos críticamente acerca de cómo los comportamientos humanos aumentan nuestras interacciones con animales infectados por enfermedades“, explica la autora principal del estudio, Laura Bloomfield, de la Facultad de Medicina y candidata a doctorada en el Programa Interdisciplinario Emmett en Medio Ambiente y Recursos dentro de la Escuela de Ciencias de la Tierra, Energía y Medio Ambiente de Stanford. “La combinación de cambios ambientales importantes, como la deforestación y la pobreza, puede encender el fuego de una pandemia global”.

El análisis, publicado en Landscape Ecology, revela cómo la pérdida de bosques tropicales en Uganda pone a las personas en mayor riesgo de interacciones físicas con los primates salvajes y los virus que transportan. Los hallazgos tienen implicaciones para la aparición y propagación de enfermedades infecciosas de animales a humanos en otras partes del mundo, y sugieren posibles soluciones para frenar la tendencia.

Forzando interacciones peligrosas

La gente ha convertido casi la mitad de las tierras del mundo en agricultura. Los bosques tropicales han sufrido más, con algunas de las tasas más altas de conversión agrícola en las últimas décadas. En África, esto ha representado aproximadamente las tres cuartas partes de la pérdida reciente de bosques. Lo que queda, fuera de los parques y reservas protegidas, son pequeñas islas de bosque en un mar de tierras de cultivo y áreas donde las tierras de cultivo interfieren en áreas boscosas más grandes.

En Uganda, décadas de migración y la creación de tierras de cultivo fuera del Parque Nacional Kibale han llevado a una alta densidad de personas que intentan mantener a sus familias al borde de los hábitats boscosos. Por lo general, las personas evitan los primates salvajes porque son portadores conocidos de enfermedades, y muchos están protegidos por la Autoridad de Vida Silvestre de Uganda. Sin embargo, la pérdida continua de hábitat forestal significa que los primates salvajes y los humanos comparten cada vez más los mismos espacios y compiten por el mismo alimento.

Cuando las personas se aventuran en áreas boscosas en busca de recursos y cuando los animales se aventuran fuera de sus hábitats para atacar los cultivos, aumentan las posibilidades de transmisión de enfermedades zoonóticas o de animales a humanos. Un buen ejemplo es el VIH, que es causado por un virus que saltó de los primates salvajes a los humanos a través de fluidos corporales infectados. “Somos los humanos quienes vamos hacia estos animales”, explica el coautor del estudio Eric Lambin. “Estamos forzando la interacción a través de la transformación de la tierra”.

Infecciones predecibles

A diferencia de estudios previos que examinaron el tema principalmente desde un punto de vista ecológico, el estudio de Stanford es el primero en integrar factores ecológicos a nivel de paisaje con factores de comportamiento a nivel individual y sopesar los riesgos para la salud humana.

Los investigadores comenzaron recolectando datos de encuestas de uso de la tierra de pequeños agricultores que viven cerca de fragmentos de bosque. Combinaron esta información con imágenes satelitales de alta resolución del mismo período de tiempo para modelar cómo los patrones del paisaje y los comportamientos individuales juntos hacen que ciertas personas tengan más probabilidades de tener contacto con animales salvajes.

Descubrieron que los predictores más fuertes del contacto entre los primates y los humanos eran la longitud del límite del bosque alrededor de las casas de las personas y la frecuencia con la que las personas se aventuraban en estas áreas boscosas para recolectar árboles pequeños para material de construcción. La búsqueda de estos árboles tipo implica pasar más tiempo en hábitats de primates que otras actividades forestales. Pequeños fragmentos de bosque residual, no grandes extensiones de hábitat, tenían más probabilidades de ser el sitio de contactos de primates y humanos debido a sus fronteras compartidas con paisajes agrícolas. Del mismo modo, los investigadores especulan que la creciente intrusión de la agricultura en los bosques y las actividades humanas resultantes en estas áreas podrían conducir a una mayor propagación de las infecciones de los primates salvajes a los humanos en todo el mundo.

Medidas para mantener a raya potenciales enfermedades

Los investigadores sugieren que establecer zonas colchón, como granjas de árboles o proyectos de reforestación, alrededor de bosques ricos en biodiversidad podrían disminuir drásticamente la probabilidad de interacción entre primates y humanos. El uso de recursos externos, como ayuda nacional o internacional, para proporcionar combustible y material de construcción o suplementos monetarios también podría reducir la presión sobre las personas para buscar madera en áreas boscosas.

“La conservación de la tierra y la reducción de la fragmentación de los bosques es nuestra mejor apuesta para reducir las interacciones entre humanos y animales salvajes”, analiza el coautor del estudio Tyler McIntosh, ex estudiante graduado en Stanford.