Coches a gas: «contaminan el aire» pero reciben etiquetas «eco»

Panel azul con aguja de cuentakilómetros en salpicadero
Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay

T&E, Ecodes y Ecologistas en Acción reclaman que se retiren las ventajas fiscales e incentivos de las que disfrutan estos vehículos.

«Los coches a gas y otros vehículos a GNC no tienen beneficios para el clima y contaminan el aire que respiramos. Los gobiernos deben centrarse en el transporte sin emisiones y dejar de gastar dinero público en infraestructura de gas y exenciones de impuestos para el gas fósil», explica Mónica Vidal, directora de políticas públicas y gobernanza climática en Ecodes.

Las evidencias muestran «la necesidad de cambiar las etiquetas de la DGT, ya que un coche contaminante no puede ser calificado como ECO», añade al respecto Nuria Blázquez, coordinadora de transportes de Ecologistas en Acción.

Las afirmaciones desde los grupos ecologistas y de consumo llegan a la luz de los últimos datos científicos. Las investigaciones han echado por tierra las afirmaciones de que los automóviles a Gas Natural Comprimido (GNC) no contaminan el aire con partículas tóxicas. Así lo explica el informe publicado por la federación europea Transport & Environment, de la que forman parte Ecodes y Ecologistas en Acción.

No sólo no son «eco», son «grandes contaminantes»

«Al contrario de lo que afirma la industria automovilística y gasista, los vehículos propulsados por gas liberan grandes cantidades de partículas contaminantes y peligrosas asociadas con el cáncer, el alzheimer y enfermedades cardíacas y respiratorias». Es lo que subraya el informe de Transport & Environment, donde se recopilan los estudios científicos y técnicos más recientes.

«La industria del gas convenció a los legisladores de que los vehículos a GNC eran la solución a nuestros problemas de calidad del aire, pero en realidad son cualquier cosa menos vehículos de bajas emisiones. Arrojan partículas tóxicas como cualquier otro motor de combustibles fósiles y deberían estar prohibidos en las zonas de bajas emisiones de nuestras ciudades. El compromiso de España con la neutralidad de carbono erosiona cualquier justificación para mantener tanto los incentivos fiscales como los incentivos a la compra». Lo explica de este modo Isabell Büschel, directora de T&E España.

Urgen cambios legislativos a la luz de los datos

Paradójicamente, y pese a los mencionados datos, en España los vehículos a gas llevan una etiqueta ECO que les da acceso privilegiado a las Zonas de Bajas Emisiones impulsadas en algunas ciudades y que el anteproyecto de ley de cambio climático prevé hacer obligatorio antes de 2023. Incluso a nivel de algunas comunidades autónomas se ofrecen subvenciones para su compra. Y muchos ayuntamientos les conceden descuentos en el pago del impuesto de circulación.

«La legislación sobre emisiones de partículas se está mostrando insuficiente ya que, al contrario de lo que sucede con los vehículos diésel y gasolina, no existe regulación del número de partículas (PM) para los vehículos de gas», lamentan los colectivos denunciantes.

Concluyentes pruebas de laboratorio demuestran la contaminación

Los automóviles de GNC emitieron entre 9 mil millones y 900 mil millones de partículas por km, en hasta cinco pruebas de laboratorio efectuadas, según se recoge en el informe. También se analizan furgonetas de gas, camiones y autobuses. Otro aspecto destacado del documento es que los vehículos a gas emiten un número especialmente grande de partículas ultrafinas, consideradas como las más dañinas para la salud humana ya que penetran profundamente en el cuerpo. Se han relacionado con el cáncer cerebral.

Los vehículos que funcionan con GNC también liberan grandes cantidades de amoníaco que, a su vez, contribuye a la contaminación por partículas. Las pruebas en carretera sobre el último estándar de automóviles y camiones de GNC encontraron que pueden emitir hasta 20 mg/km y 66 mg/km de amoníaco respectivamente. Pero en la actualidad los automóviles y las furgonetas no están sujetos a un límite de emisión de amoníaco.

En este sentido, el uso de gas fósil en los automóviles demuestra ser tan nocivo para el clima como el uso de gasolina o diésel. Al tener en cuenta los efectos de la fuga de metano, un gas de efecto invernadero muy potente, el gas fósil podría aumentar las emisiones de GEI de los automóviles hasta en un 6 % o, en el mejor de los casos, disminuirlas en un máximo del 7 %.

El biometano también en el punto de mira

Las asociaciones ambientales señalan también al biometano, el cual, advierten, tampoco es una alternativa libre de emisiones para el transporte. Como el gas fósil y el biometano son químicamente muy similares, el uso de biogás no producirá una disminución significativa de emisiones de partículas ni de otros contaminantes como NOx (óxidos de nitrógeno). Por tanto, incluso si funcionan con biometano, los vehículos a gas emiten contaminantes.

Además, no hay suficientes materias primas sostenibles de biogás/biometano (producido a partir de desechos, residuos) en la UE para satisfacer la demanda energética del transporte de la UE. Incluso explotando todo el potencial de las materias primas sostenibles, el biometano sostenible solo podría cubrir 6.2 % – 9.5 % de las necesidades de energía del transporte. En tercer lugar, en la práctica es imposible garantizar que los vehículos a gas realmente funcionen con biogás o biometano, ya que los dos combustibles son esencialmente intercambiables.