La industria del tabaco aplicó sus estrategias para explotar el mercado infantil de bebidas azucaradas

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cigarrillos apilados unos sobre otros
Investigadores documentan la amplia relación de las tabacaleras con marcas de bebidas destinadas niños y jóvenes.

En los últimos tiempos se ha venido escuchando crecientemente la expresión «el azúcar, el nuevo tabaco» para referirse al alto poder adictivo de diversos productos azucarados y el nocivo impacto en la salud de las personas. Pero la expresión cobra un nuevo significado a la luz de recientes revelaciones recogidas en un estudio difundido en la publicación científica The BMJ. La investigación recoge el importante papel de la industria del tabaco en el impulso de diversos productos destinados al consumo de los más jóvenes desde los años 60 del siglo pasado.

El informe viene avalado por diversos documentos que hasta ahora habían permanecido ocultos al público. Se revela como los responsables de las compañías tabacaleras más importantes de Estados Unidos aplicaron técnicas desarrolladas para la definición de colores y sabores como aditivos para cigarrillos a otras áreas. En concreto, las mismas líneas de investigación se habrían aplicado al desarrollo de líneas de producto de bebidas azucaradas para la juventud. Estas estrategias estarían detrás del diseño y lanzamiento de importantes y exitosas marcas en Estados Unidos. Marcas que, aunque posteriormente hubiesen sido vendidas a corporaciones alimentarias, basan su estrategia en técnicas similares.

Los investigadores se mostraron estupefactos al descubrir que por detrás del desarrollo de populares productos para niños estadounidenses como las bebidas Kool-aid estaba la misma estrategia de comercialización de tabaco diseñada para generar la lealtad de los fumadores. Una estrategia que Phillip Morris habría aplicado con lucrativo éxito a esta línea de productos después de adquirla a General Foods en 1985.

Fuente: Tobacco industry involvement in children’s sugary drinks market. Autores: Kim H. Nguyen, Stanton A. Glantz, Casey Palmer y Laura A. Schmidt. The BMJ

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