Documentan el avance de la destrucción del fuego en la Amazonia

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Los incendios siguen devastando la Amazonia en agosto de 2020 / Foto: © Christian Braga – Greenpeace

Greenpeace lamenta los esfuerzos de «marketing» de Bolsonaro por negar las evidencias.

*Actualización a 1 de septiembre de 2020

Greenpeace Brasil ha capturado nuevas fotos de incendios que devastaron el Amazonas entre el 16 y el 21 de agosto de 2020. Las imágenes muestran una destrucción generalizada en la selva tropical, incluso en áreas protegidas, a pesar de la orden del gobierno brasileño de prohibir los fuegos en la región desde el 16 de julio.

«Mientras el presidente Bolsonaro sigue negando que la Amazonia esté en llamas y presenta trucos de marketing, como desplegar el ejército para combatir la destrucción de los bosques, el bosque sigue ardiendo. Los incendios no solo son una amenaza para el clima y la biodiversidad: el humo de los incendios agrega otra amenaza a la salud de las personas que viven en un país ya tenso por la crisis del COVID-19. Los impactos de estas dos crisis combinadas podrían ser devastadores, especialmente para los grupos vulnerables, como los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales», explica Rômulo Batista, activista de la Amazonía en Greenpeace Brasil.

La segunda tasa más alta de incendios de los últimos 10 años en Brasil

Según INPE (la agencia espacial brasileña), en agosto se registraron 29.308 focos de incendio, la segunda tasa más alta de los últimos 10 años. Sin embargo, debido a problemas técnicos a mediados de agosto en el satélite de la NASA utilizado para recopilar datos oficiales sobre el número diario de focos de incendio, el daño real puede ser aún peor. El estado de Amazonas registró el mayor número de focos de la historia (8.031). En el estado de Pará, el 68% se concentran en un área de 4 municipios, los mismos que poseen el 19% de todo el ganado en el estado, según el censo brasileño (IBGE).

«Los incendios en el Amazonas no son naturales. Los agricultores y los acaparadores de tierras los encienden criminalmente para derribar el bosque con el fin de expandir la agroindustria. Lo que hemos visto en el campo es consecuencia de la agenda anti-ambiental de Bolsonaro, quien viene desmantelando las protecciones ambientales, desde que asumió el cargo», continúa Batista.

La explotación de la naturaleza y las personas es una de las principales causas de las actuales crisis de salud, clima y biodiversidad. Greenpeace exige a los gobiernos y las empresas que pongan fin a los negocios con los destructores de bosques, reduzcan drásticamente la carne y los lácteos y alineen el comercio para respaldar economías resilientes que antepongan la naturaleza y las personas.

Incendio en Amazonas, en Mato Grosso
Fuego en el bosque, junto a una área recién deforestada, en Alta Floresta, estado de Mato Grosso / Foto: Christian Braga – Greenpeace Brasil

Greenpeace documenta deforestaciones premeditadas con fuego. En junio de 2020 las alertas han aumentado un 20%.

*Actualización 19 de julio de 2020

«Estas imágenes, junto con las tasas de deforestación que se han registrado este año, son la consecuencia de las políticas y la estrategia a largo plazo del presidente Bolsonaro. Desde que accedió al poder, Bolsonaro ha estado desmantelando las leyes de protección ambiental y eliminando la capacidad de acción de las agencias de protección ambiental, llegando a utilizar la pandemia COVID-19 como una cortina de humo para permitir las actividades de tala y minería en la Amazonía. Esta administración no está haciendo nada más que poner en riesgo el clima y la vida de la población, especialmente la de los pueblos indígenas», ha manifestado Rómulo Batista, portavoz de Greenpeace Brasil.

Grave repunte de incendios

Greenpeace Brasil ha obtenido imágenes aéreas de incendios activos en la selva amazónica en el estado brasileño de Mato Grosso. Las imágenes fueron tomadas durante un sobrevuelo en avioneta realizado entre el 7 y el 10 de julio para documentar el reciente repunte de incendios en la Amazonia.

Estos incendios, llamados queimadas en Brasil, son ilegales según una orden del gobierno que ha prohibido las queimadas entre julio y septiembre. Greenpeace también documentó imágenes de áreas totalmente calcinadas y de otras zonas preparadas para la quema. Con 4.437 puntos críticos, el estado de Mato Grosso ha tenido el mayor número de incendios (49.52 %) en la Amazonía brasileña este año.

La mayor cifra en trece años

En junio de 2020 se registraron 2.248 alertas de incendio (focos de calor o hotspots) en la Amazonia, un aumento del 19.57 % en comparación con junio de 2019 (1.800) y el mayor número registrado en el mes desde 2007. El número de estas alertas de deforestación en la Amazonia brasileña alcanzaron la mayor cifra en los últimos 13 años el pasado mes de junio. Del 1 al 13 de julio, ya se registraron 1.057 focos de calor en el bioma.

Los grandes incendios en la selva amazónica no ocurren de manera natural, sino que son los agricultores o acaparadores de tierras los que queman deliberadamente la selva para expandir la frontera agrícola para la cría de ganado y la producción de agricultura industrial.

Un problema que se dispara con el gobierno Bolsonaro

La permisividad con estas prácticas ilegales ha empeorado durante el mandato del presidente Bolsonaro debido a su agenda anti-ambiental. Los pueblos indígenas, que ya están siendo impactados por la COVID-19, se enfrentan ahora a un riesgo aún mayor, a medida que los incendios se intensifiquen y la contaminación del aire se agregue a la lista de sus amenazas para la salud.

Greenpeace considera que las acciones del gobierno brasileño contra el medioambiente han afectado la reputación y la economía del país, ya que los inversores, los socios comerciales y las principales empresas brasileñas han expresado públicamente su preocupación por los impactos del gobierno de Bolsonaro sobre el clima y los derechos humanos. Pero la respuesta de Bolsonaro ha sido teatral e ineficaz, como es el caso del despliegue del ejército en operaciones costosas e ineficientes para combatir la deforestación y la reciente declaración de una moratoria de incendios.

Moratoria que no ha funcionado y «no funcionará»

El jueves 16 de julio el gobierno de Jair Bolsonaro decretó una moratoria de incendios de 120 días. Al respecto, Daniela Montalto, portavoz de Greenpeace, ha declarado que «Bolsonaro ya decretó una moratoria el año pasado y no funcionó». «Tras dicha moratoria, en septiembre de 2019, se registraron en el bioma amazónico 42.000 puntos calientes adicionales entre septiembre y diciembre. Fue la llegada temprana de la lluvia lo que evitó que el escenario fuera aún peor».

«Las imágenes del Amazonas quemándose en el estado de Mato Grosso son un claro ejemplo de que una prohibición de incendios, por sí sola, no funciona. Proteger la capacidad de monitorear y hacer cumplir la ley, que Bolsonaro continúa desmantelando sistemáticamente, es esencial. Aquellos que llaman a la acción del gobierno brasileño no pueden engañarse a sí mismos y pensar que los descuidados movimientos de relaciones públicas de Bolsonaro tendrán un impacto significativo», ha añadido Rómulo Batista.

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