Especies comunes de aves en nuestros campos tienden a desaparecer

El declive de las aves agrarias pone en evidencia el deterioro ambiental en las tierras de cultivo.

Alondra posada en roca junto a nuez
Alondra / Imagen de Johnnys_pic en Pixabay

La alondra, la calandria, la collalba rubia, la codorniz, el sisón común o la perdiz común son algunos de los ejemplos de especies comunes citadas por SEO/BirdLife, recordando que eran comunes en los campos de cultivo de la Península Ibérica hace veinte años. Ahora, y tal como indican los datos del III Atlas de las Aves en Época de Reproducción en España, de SEO/BirdLife, hecho público este 2022, estas aves muestran declives poblacionales significativos.

Declive generalizado

Los motivos de esta acelerada desaparición de aves habría que buscarlos en la progresiva transformación e intensificación de la agricultura, enfocada sobre todo en la productividad, con uso generalizado de plaguicidas y herbicidas. También en la expansión de monocultivos y la simplificación del paisaje; la reducción de espacios silvestres y barbechos; la transformación de grandes áreas de secano en regadío, y la utilización de semillas con productos altamente tóxicos.

Todo ello ha contribuido a este declive generalizado de las aves agrarias. “Esta concatenación de causas, genera un empeoramiento y reducción de sus hábitats, la disminución de insectos (-76% en Europa desde 1990) y plantas con semillas como fuente de alimentación, menos lugares donde criar y, en definitiva, menos territorio disponible y de peor calidad”, lamenta el colectivo. A esta evolución de los sistemas agrarios se suma la construcción de infraestructuras industriales, de transporte y, recientemente, proyectos de energía renovables (en especial fotovoltaica) que, en gran medida, ocupan los hábitats preferentes de estas especies, injustificadamente considerados espacios de poco valor.

“El grupo de aves terrestres más amenazado de la península ibérica”

Esta tercera edición del Atlas, de SEO/BirdLife, se suma al reciente Libro Rojo de las Aves de España, y ofrece nueva información sobre la pérdida de área de ocupación de aves ligadas a ambientes agrarios como las perdices, codornices o sisones, al que los expertos califican como “el grupo de aves terrestres más amenazado de la península ibérica”.

Su descenso se estima en un 27% en menos de tres décadas según los resultados del programa de seguimiento de aves comunes de la organización (programa Sacre).

Entre las aves ligadas a medios agrarios, las que se encuentran en una situación más sensible están las vinculadas a ambientes agroesteparios. En España no existen estepas naturales, sino zonas semiáridas con distintos tipos de pastizal que han sufrido intervención humana en algún momento de la historia y, sobre todo, grandes áreas abiertas de cultivos cerealistas y de leguminosas, como la alfalfa, que son utilizados por muchas de las especies de aves típicas de zonas esteparias. Actualmente, todas ellas tienen algo en común, un descenso poblacional debido, sobre todo, al deterioro de su hábitat.

Por ejemplo, el alcaraván en comparación con el II Atlas de Aves Reproductoras ha reducido su ocupación en el territorio. Ahora cuenta con un 15% menos de cuadrículas ocupadas, con disminuciones más acusadas en el norte que en el sur o que en los litorales oriental y meridional.

Otros datos:
el sisón común acusa un declive del 68,5% para el periodo 1998-2018 (-5,5% anual), más acusado en la región mediterránea norte. También la ganga ortega y la ganga ibérica, que comparten hábitat con el sisón, sufren importantes descensos poblacionales. La ortega ha disminuido un 34% entre los años 2005 y 2019 en el conjunto de la población española; mientras que la ibérica ha menguado su población un 19% pasando de 9.477 a 7.656 individuos en el mismo periodo, particularmente con una situación muy desfavorable en el valle del Ebro, donde las poblaciones han disminuido un 63%.

La avutarda euroasiática tiene una población estimada en 22.000-24.000 individuos, cifra inferior a las estimaciones de las dos últimas décadas. Aunque su tendencia varía por regiones, en el conjunto de la población española su declive en la última década ronda el 15%.

La tendencia poblacional de la collalba rubia es claramente negativa desde 1998 en el conjunto y en cada una de las grandes áreas geográficas analizadas, según también datos del Sacre, con una regresión general del 27%.

La evolución de la población de alondra común es muy preocupante, con un descenso del 35% a escala estatal y una tendencia especialmente negativa en la mitad sur peninsular, próxima al 80%. Su pariente, la alondra ricotí, tiene una tasa de disminución anual del 3,9% y una caída general del 41,4% durante el periodo 2004-2015. Para la perdiz roja, asociada a casi todo tipo de ambientes agrícolas (cereal, olivar, viñedo y otras leñosas), los datos del programa Sacre recopilados en el Atlas indican un declive importante, del 40% desde 1998, particularmente marcado en la zona mediterránea sur y norte.

La codorniz común, Ave del Año 2020, que sufre un declive poblacional del 61% en el periodo 1998-2019, con apenas 225.000 ejemplares en España según el programa Sacre y sin visos de recuperación. El Ave del Año 2022, el alzacola rojizo, registra también marcas históricas en cuanto a pérdida de efectivos: el último censo de 2020 arroja una cifra de unos 17.000 ejemplares.